la cabra sin ordeñar
Ayer hizo un magnífico dia. Llamé a mi amigo Pepe Ignacio y nos fuimos a dar un paseo por el campo...como en los últimos tiempos, nunca dejo la cámara en casa. Salimos de Lepe y campo a través nos dirijiamos hacia San Silvestre cunado de repente me dice Pepe que pare y que observe. Miré donde me señalaba y pensé que una cabra estaba pariendo...rápidamente tomé la cámara y entonces fuí cuando me di cuenta de mi error...tuve que restregarme los ojos varias veces... la cabra no estaba pariendo...tenía las ubres extraordinariamente grandes...tan grandes que no se podía mover ya que las mismas descansaban en el suelo. Imagino el sufrimiento del pobre animal con esas dos moles cargadas de leche rozando sus pezones por el suelo. El dolor debía de ser tremendo. Sentí una lástima grande y pensé en la dejadez de su dueño. Como no soy veterinario, no se si la causa de tener asi las ubres pueda ser motivo de enfermedad. Sea cual sea la causa, ese animal sufre y su dueño debía de estar atento a ella. No pude hacer nadá.
Esto me recordó a que una vez en la sierra de Cadiz, dos amigos y yo conseguimos salvar la vida a una cabrita pequeña que cayó entre dos piedras enormes. Su madre nos alertó con los balidos...eran cabras salvajes. Subimos hasta donde se encontraba y vimos que había caído por una rendija entre dos enormes piedras...solo cabía nuestro brazo a duras penas...pero la cabrita estaba a tres metros de profundidad. Bajamos a por los gatos de los coches...estábamos a 800 metros de altitud y los coches estaban en la cota 400. Antes lo intentamos haciendo palanca con troncos de árboles...pero no había manera de mover aquéllas dos moles. Con los gatos, conseguimos abrir un poco las piedras e introducir un palo con un lazo...conseguimos sacar al pobre animal que debió de caer de madrugada y la rescatamos ya casi anochecido. Su madre estaba cerca y la acogió...nos sentimos dichosos los tres de lo que habíamos hecho...ese día no cazamos, pero fue un maravilloso dia.
